Durante años el Puerto de Barcelona tuvo la costa y el rompeolas ocupados por numerosas hileras de mejillones. Eran viveros flotantes que favorecían la cría de los mejillones, y que pertenecían a la Unión de Mejilloneros. Llegó a haber unos sesenta y la concesión para los viveros era de 20 años, por lo que la Unión tenía que pagar 40.000 pesetas anuales y 10.000 a la Junta Reguladora.

Al menos así cada mejillonero tenía su lugar asegurado y no era necesario que sufrieran por su producción. Antes de que existiera la regulación de las mejilloneras cada uno plantaba sus cuerdas para el vivero donde le parecía, sin ningún tipo de orden.

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